¡Felices Pascuas!  Es el saludo que nos han dado y lo que nosotros hemos deseado a familias, amigos y fieles.

La Semana Santa ha sido días de trabajo intenso, a pesar de las limitaciones impuestas por la pandemia. Ha sido una “siembra” de la palabra de Dios, de su amor, en los fieles y en nosotros mismos. 

De esta Semana Santa no hemos salido iguales. La siembra ha producido “frutos”, que ya se empiezan a manifestar: estamos más alimentados por la Palabra de Dios, más llenos del amor de Dios, más fortalecidos por Él y más comprometidos a vivir nuestra fe con Cristo Resucitado.

La siembra de Semana Santa producirá “otros frutos” en estos días de Pascua y a lo largo del año.  Viviremos mejor nuestra unión y amistad con Cristo Resucitado, aprovecharemos su ayuda para realizar más obras de misericordia, nos dejaremos mover por el Espíritu Santo para ser continuamente testigos de Cristo Resucitado.

Cosechar muchos y buenos frutos pascuales depende de Dios pero, sobre todo, de nuestra colaboración. Unámonos para dar gracias por lo recibido y por los frutos cosechados. Animémonos a vivir con gozo pascual. Juntémonos, como los Apóstoles, para vivir bien nuestro discipulado, nuestra comunión fraterna y nuestra misión.

Encontrémonos con dos o tres hermanos y compartamos sobre estos “nuevos frutos” cosechados en esta Pascua. Nos hará mucho bien. Como los Apóstoles, compartamos los frutos pascuales con otros hermanos que padecen dolor, soledad, tristeza y grandes necesidades. Dios quiere hacer grandes cosas a través de nuestra vida y nuestro ministerio.  Qué maravilla. ¡Felices pascuas!

Julio