Empezaron tomándose un traguito, o aceptando el trago social por amistad. Después, fueron buscándolo más frecuentemente. Luego, se acostumbraron al licor y lo tuvieron que consumir frecuentemente. Ahora, sienten necesidad de él y no logran apartarse de él. Es la triste historia de familiares, o amigos, o de miembros de nuestra comunidad y hasta de hermanos sacerdotes. Sufren ellos, sufre su familia y van afectando su trabajo, sus amistades y llevan su vida una mediocridad y falta de control.

Muchos de ellos quieren liberarse de ese vicio y cuánto quisiéramos nosotros darles la mano. Hoy compartí con uno de esos hermanos que han podido volver a su vida sana y normal. Es posible, con la ayuda de Dios, con la fraternidad y con las ayudas interdisciplinares.

Desde luego, lo primero que hay que hacer es compartir con ellos sabiendo que siempre se puede mejorar su situación. Como el buen samaritano (Cf Lc 10, 29 - 37), hay que superar la indiferencia y arriesgarse a tener misericordia, compartiendo con ellos el camino de superación. Así, pasamos a conocer bien su enfermedad y sus causas. Por otra parte, llegamos comprender bien la situación que ellos viven y a ofrecerles una ayuda adecuada a su necesidad. Para ellos será una ayuda decisiva la amistad sincera, la comprensión y los grupos de ayuda. Y, en cuanto se necesite, hacemos que aprovechen la ayuda de otros profesionales.

Oremos por los que padecen el alcoholismo y otras adicciones. Con ello sufren y hacen sufrir a muchos. Y dispongámonos a darles la mano de buenos samaritanos para que se superen y sean, vivan y obren, otra vez, como Dios quiere.

Y nosotros, los que no estamos afectados por el licor, hemos de “vigilar y orar” para no caer en la tentación. Aunque, a veces, sea difícil, hemos de participar con equilibrio en las reuniones sociales y en tantas otras celebraciones, en las cuales desafortunadamente se usa el licor para agradecer, para felicitar, para condoler, para quitar el frío, para ahogar las penas, para todo.

Compartamos este mensaje con alguno de los hermanos que lo necesitan.

Julio