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EL ASUMIR LA PROPIA HISTORIA

EL ASUMIR LA PROPIA HISTORIA

Hablar de historia es hablar del ámbito en el que se pone en juego la libertad de los seres humanos. Asumir la propia historia es asumir serenamente las decisiones que hemos tomado a lo largo de la vida y las implicaciones o consecuencias que de ellas se han derivado hasta el presente. Es también, asumir aquello que nos ha pasado a pesar de no haberlo buscado, ni querido, ni planeado. Puede ser que algunas de estas cosas hayan dejado una huella negativa indeleble. En tal caso, nos es necesario interpretar dichas cosas en clave de “historia de salvación”, es decir, buscar el “para qué” de Dios ¿para qué Dios permitió esto en mi vida? Ese para que, cuando se responde con criterio de fe, esperanza y caridad nos abre las puertas a lecciones, nos permite crecer en madurez y lo más importante, nos permite cerrar heridas y reconciliarnos con todo nuestro pasado.

Te has encontrado en tu tarea pastoral con personas que te manifiestan que no se sienten dueñas de sus decisiones, pensamientos y emociones, que no se sienten dueñas de su propia vida. Que esperan la ayuda de alguien que les ayude a tomar las riendas de su existencia de manera satisfactoria. Hoy parece muy común encontrarnos con este tipo de personas. Pero en realidad, ¿a qué se debe este fenómeno?

Cuando nos sentamos a hablar con alguien y nos comparte su historia logramos percibir ciertos aspectos que dificultan a una persona vivir de manera satisfactoria. En primer lugar, hay personas que no se sienten bien consigo mismas, porque no terminan de aceptar partes de su historia personal, situaciones que les han marcado negativamente y no han logrado superar. Por ello, no terminan de aceptar lo que son y no viven bien su rol vital. Segundo, que la persona no se sienta merecedora de su propia historia, por errores del pasado que le han dejado una marca demasiado fuerte. Tercero, que a la persona le cueste asumir responsabilidades, obligaciones, y, el hacerlo, le cause estrés, nerviosismo, desasosiegos, etc. Por último, que la persona asuma responsabilidades que no son suyas, que no le corresponden, y, por tanto, se sienta desbordada y abrumada por un peso que no es capaz de llevar.

Cuanta necesidad hay de personas que puedan ayudar a otras a asumir de manera adecuada su historia personal. Ayudar a otros a sanar heridas del pasado y a interpretar su historia como historia de salvación; personas que ofrezcan el perdón como camino de sanación – liberación de los errores y pecados del pasado; personas que te ayuden a construir una visión realista de ti mismo desde el punto de vista tanto humano como cristiano; personas que te ayuden a asumir tus propios límites y asumir con claridad y responsabilidad tus propias obligaciones. Esas personas debemos ser los sacerdotes, personas expertas en la ciencia de las ciencias la conducción de las almas, como decía San Gregorio Magno.

Para sumir la propia historia es importante saberse ubicar en el momento actual. Aplicándolo a los sacerdotes, si queremos ubicarnos y asumir serena y maduramente lo que somos debemos preguntarnos ¿por qué elegí ser sacerdote? ¿Qué he hecho hasta este momento de mi vida? ¿de qué me siento orgullosos? ¿Qué planes tengo para el futuro? Responder esto serena y claramente nos permitirá seguir asumiendo nuestra propia historia ¡Hagámoslo!

José Humberto

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