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ESTEMOS ATENTOS A NUESTRA SALUD MENTAL

Has notado en algún hermano de presbiterio o te ha manifestado el mismo que le falta energía para realizar sus tareas, que está un poco alejado de su familia, que no ha vuelto a realizar actividades que disfrutaba, que siente que nada le importa, que siente dolores y molestias sin una aparente causa. O quizá has notado cambios de humor severos que le crean problemas en sus relaciones personales. Son cosas que pueden suceder, pero que nos alertan acerca de un problema de salud mental. No necesariamente se trata de problemas serios, pero, se pueden agudizar si no los tratamos a tiempo. También se puede dar que se cambien hábitos alimenticios o en el sueño, o quizá, sentirse inusualmente confundido, olvidadizo, enojado, preocupado o asustado.

Los problemas en la salud mental se pueden originar por no saber manejar una situación o verse superado por una dificultad, como por ejemplo: la aparición de una enfermedad de carácter crónico, tener problemas económicos, hacerse cargo de algún pariente enfermo, sentir que no se es aceptado ni valorado, tener que enfrentar una tarea para la cual no se siente apta la persona, etc. El no saber dar trámite a estas y otras situaciones puede agotar y abrumar a una persona hasta hacerla incapaz de lidiar individualmente con ellas. Por ello, la importancia de estar atentos a los hermanos y confiar a otros nuestros problemas.

¿Qué podemos hacer por nosotros mismos? Cuando nos sintamos mal por alguna de las situaciones antes dichas u otras, debemos tomar medidas como: recurrir más a la oración, hacer meditación, cambiar de actividad, descansar, compartir con amigos o familiares, hacer deporte, dedicar tiempo a una buena lectura; si tenemos fuertes preocupaciones buscar la dirección espiritual. ¿qué debemos hacer por el hermano? Acompañarlo, animarlo, darle algún consejo que le pueda servir, prestarle toda la ayuda que este en nuestra mano. En casos severos indicarle lo conveniente de consultar su director espiritual o quizá un profesional de salud mental (psicólogo, psiquiatra), buscarle ayuda o indicarle que la busque con el delegado de pastoral sacerdotal…

Nos es muy importante estar atentos a nuestra salud mental, ya que de ella depende el que mantengamos relaciones personales satisfactorias, el que funcionemos bien en el entorno social, el que desempeñemos bien nuestras tareas. Nadie está libre de sufrir en algún momento un trastorno de salud mental. Ahora, puede haber personas que presenten trastornos de salud mental y consideren que sus signos y síntomas son parte normal de la vida o evitan consultar a alguien por vergüenza o miedo. Por ello, es muy importante estar atentos a nuestra salud mental y la de los hermanos. Preocupémonos por el bienestar emocional, psicológicos y social de nuestros presbiterios. El llevar una intensa vida espiritual puede ser la mejor prevención contra los problemas de salud mental, también el vivir en entornos de fraternidad donde nos aseguremos el apoyo permanente ¡compartámoslo!

 

José Humberto

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