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  • El autor sagrado invita a la humildad, que, en las relaciones personales, vale más que la generosidad. Pues el que da bienes en cierto sentido se coloca por encima del otro, por el contrario, el humilde se coloca a su mismo nivel. Advierte el autor de no ensorbecerse en las grandezas humanas, pues fácilmente pueden hacer perder la noción de que somos polvo mortal como los demás. Luego, pueden afectar gravemente la relación con Dios, pues la soberbia de la riqueza, la ciencia, etc., pueden hacer perder o disminuir sensiblemente el sentido de dependencia amorosa de Dios (Sir 3,17-19. 28-29).
  • Dios, al antiguo pueblo de Israel se le acercó en el Sinaí y les invitó también a acercarse, manifestándoseles a través de fenómenos (Hb 12, 18-19. Dios, se acercó en el Sinaí al antiguo pueblo de Israel y les invitó también a acercarse, manifestándoseles a través de fenómenos que les hacían temer su poder. Cercanía que no llegó a ser total, ni familiar. Ahora, Jesús, Dios y hombre verdadero, se ha acercado a los hombres, mostrándonos con sus actos y palabras que Dios ama a los hombres y quiere vivir en perpetua alianza con nosotros. Ya, la ley, no es la mediadora entre Dios y los hombres, sino Jesús. Porque ya no es cumpliendo unos simples preceptos que agradamos y somos de Dios, sino imitando en todo a su amado Hijo (Hb 12, 18-19. 22-24ª).
  • Jesús nos enseña con su propia vida a no apetecer grandezas humanas, puestos dados por los hombres. Más bien, apetecer aquel lugar que Dios quiere darnos en su Reino, lugar que dará a aquellos que de corazón desean que los demás sean preferidos en la comodidades y honores. Ya que ha prometido “el que se humilla será enaltecido” (Lc 14, 1.7-14).
  • La Sagrada Eucaristía constituye el mayor y más permanente acercamiento de Dios a nosotros, acercamiento amoroso, misericordioso, lleno de paz, de alegría, de fiesta.
  • CEC 525-526: la Encarnación, un misterio de humildad; CEC 2535-2540: el desorden de las concupiscencias; CEC 2546, 2559, 2631, 2713: la oración nos llama a la humildad y a la pobreza de espíritu; CEC1090, 1137-1139: nuestra participación en la Liturgia celeste; CEC 2188: el domingo nos hace partícipes en la asamblea festiva del cielo.
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