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  • Aunque el mundo entero y la misma creatura humana son realidades débiles, frágiles ante Dios, casi insignificantes. Son realidades que Dios ha creado por amor, y por ello, son importantes a sus ojos. Realidades que el estableció en un orden que el hombre ha trastornado con el pecado y que Dios con amorosa indulgencia procura corregir y llevar a la plenitud y la armonía. Pero el hombre debe reconocer su pecado y rebelión, dejarse conducir y volver al orden establecido por el creador (Sb 11, 22 – 12,2).
  • Aunque el cristiano vive en la espera de venida del Señor, dicha espera se debe traducir en una respuesta cada vez más generosa a nuestra vocación cristiana. Más que esperar, se trata de saber esperar. Esperamos haciendo todo el bien que podemos y cumpliendo con nuestra tarea de ser apóstoles propagando la fe (2Ts 1,11 – 2,2).
  • El Evangelio de este domingo nos permite intuir que es en el encuentro con Jesús – como le sucedió a Zaqueo- que podemos llegar a un conocimiento profundo de nosotros mismos y empezar un camino de conversión profunda. Para ello, es necesario subirnos alto y poder ver a Jesús, es decir, no dejarnos absorber por la inmanencia, sino dejarnos atraer por lo trascendente o mejor por el trascendente (Lc 19, 1-10).
  • No hay mejor lugar para encontrarnos con Jesús que la Eucaristía. Es el sacramento de las transformaciones, Es donde Jesús transforma el pan y en vino en su cuerpo y su sangre y los que lo tomamos nos vamos transformando en él. Cada encuentro con Jesús Eucaristía nos debe llevar a vivir más por él, con él y en él.
  • CEC 293-294, 299, 341, 353: el universo ha sido creado para gloria de Dios; CEC 1459, 2412, 2487: la reparación.
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