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LUCAS 18, 1-8: LA ORACIÓN PERSEVERANTE A LA HORA DE LA PRUEBA.

“Les decía una parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer” (18,1). ¿Qué quiere inculcar Jesús? Lo notamos en las tres convicciones que sostienen la nueva enseñanza sobre la oración (1) Como lo indica esta primera frase del texto, Jesús parte de una realidad positiva: la oración –en cuanto tensión permanente del corazón hacia Dios- debe caracterizar la vida entera del discípulo en todo instante, no puede venirse al piso (18,1). (2) Mediante la oración perseverante en tiempos de prueba los discípulos –llamados aquí “los elegidos”- expresan su fidelidad (fe que se sostiene). Con esta actitud ellos aguardan la intervención definitiva de Dios en la historia, cuando ponga todo en su lugar e instaure victoriosamente su Reino de Justicia). (3) Para sostener esta esperanza, es necesario reforzar la confianza en Dios descubriendo su manera de obrar característica, la cual ciertamente es muy diferente a la del juez terreno de la parábola (18,2-5.6-7). Los discípulos entonces tienen motivos para no bajar la guardia en la oración ni renunciar a su fe, ya que vislumbran cómo es el actuar de Dios. Como podemos ver el Señor no permanece indiferente ante los momentos difíciles de la vida del discípulo: ¡Jesús se pronuncia ofreciéndoles esta enseñanza! El hijo conductor de la enseñanza es la “justicia de Dios”. Notemos cómo se va repitiendo la expresión “hacer justicia”: Dice una viuda al juez: “¡Hazme justicia!” (18,3). Reflexiona el juez: “Voy a hacer justicia” (18,5). Pregunta Jesús: “¿Dios no hará justicia?” (18,7). Responde él mismo: “Hará justicia pronto” (18,8ª).

Lo que se espera que retenga el discípulo Habiendo abordado el tema de fondo: (1) La fidelidad de Dios con los “elegidos” “Dios hará justicia…”: podemos estar seguros de la justicia de Dios, pero tengamos claro que no se trata de algo inmediato (notar el futuro). “…A sus elegidos…”: si el juez le hizo justicia a la viuda –que era una persona extraña para él- cómo será entonces Dios con aquellos que son “suyos”. El Dios de la Alianza es fiel con sus compromisos ahora y en el tiempo final. “…Que están clamando a él día y noche…”: en esta relación de Alianza con Dios hay que atreverse a expresar las necesidades con la confianza de que serán atendidas. Claro está, las necesidades presentadas tienen que ver con la vivencia de la “elección”. (2) La paciencia de Dios es un signo de su amor “…Y les hace esperar”: La aparente dilación de tiempo por parte de Dios para responder a los “elegidos” tiene que ver con la expectativa de la conversión de los injustos y con la maduración en la fe de sus discípulos. Dios piensa en los justos, pero también en los injustos. Por tanto, el presente es tiempo de evangelización y de compromiso profético. (3) La paciencia no quita la prontitud “Les hará justicia pronto”: Suena paradójico con la frase anterior sobre el “esperar”. En la pregunta y la respuesta de 18,7-8ª se deduce: ¿Dios le hará justicia a su pueblo? Respuesta: sí, y más ciertamente que el juez injusto quien actuó contrariamente a su oficio.  ¿Ellos tendrán que esperar mucho tiempo? Respuesta: Dios no es como el juez que tuvo que ser presionado para que se ocupara de la viuda, él responderá pronto. Hay un intervalo necesario de tiempo antes de la intervención final de Dios, si bien al “elegido” -en su situación de aflicción- puede parecerle que éste es excesivo. El cuándo no lo sabemos. (4) Sostener fielmente el discipulado “Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?” (18,8b). Finalmente, el cambio abrupto en 18,8bc: desplaza la atención del comportamiento de Dios hacia la atención al comportamiento de los hombres, y así saca la última lección. El “Pero” contrapone la fidelidad de Dios con la fidelidad del hombre: ya está claro que Dios es fiel con el hombre, “pero” ¿el hombre será fiel con Dios? Puesto que el Hijo del hombre es la respuesta de Dios a la justicia que esperan sus elegidos cabe aquí el tema de la fe en Jesús. Se dice “la fe” (con artículo) como una manera de indicar el aceptar a Jesús y a su mensaje, por tanto, describe una vida de discipulado. La perseverancia-fidelidad en el discipulado es lo que se requiere para acoger plenamente –en el momento indicado- la justicia final de Dios. Y en esto los discípulos tienen una responsabilidad histórica: su posible desánimo e inconstancia pone en juego el tiempo final en el que serán reunidos los elegidos.

http://www.homiletica.org/fidelonoro/fidelonoro0070.pdf

P. Fidel Oñoro, cjm – Centro Bíblico del CELAM

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