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LUCAS 19, 1-10: LA RECUPERACIÓN Y LA SALVACIÓN DE LA OVEJA PERDIDA.

El encuentro de Jesús y Zaqueo en la calle (19,4-7). “Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí” (19,4) Zaqueo corre al frente, antes que la multitud que rodea a Jesús, y sube al sicómoro.

La acción de Jesús (19,5). “Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: „Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa‟” (19,5). Las palabras de Jesús deben leerse una por una: (1) “Zaqueo”. Llama la atención el hecho de que Jesús conociera su nombre propio. Pero es perfectamente posible que pudiera haber conocido el nombre de un personaje de importancia en la ciudad, como efectivamente lo era el “jefe de los publicanos”. (2) “Baja pronto”. Al mandarlo bajar del árbol, Jesús le pide que no pierda tiempo. Este apuro es significativo. (3) “Conviene”. La expresión “es necesario”, “conviene que”, “debe”, es conocida en el evangelio y se refiere a la apremiante realización del proyecto de Dios (ver por ejemplo 24,26). Jesús coloca el llamado de Zaqueo en esta óptica: un plan divino está siendo obrado. (4) “Hoy”. Lucas es el evangelista del “hoy” del actuar de Dios (ver 2,11; 4,22 y otros). El “hoy” hay que tomarlo literalmente, pero se refiere también al tiempo del cumplimiento del plan de salvación de Dios (19,9; 23,43). (5) “Permanecer” en la casa. Jesús le pide hospedaje. El evangelio pide acogida, amistad profunda, compartir intenso. Jesús responde al interés mostrado por Zaqueo. La acción decisiva, contrariamente a lo que pudiera esperarse, proviene de Jesús.

La reacción de Zaqueo (19,6) “Se apresuró a bajar y le recibió con alegría” (19,6). Zaqueo hace exactamente lo que Jesús le pide: obedece su Palabra. Le da la “acogida” a Jesús en su casa y lo hace con “alegría”. A la solicitud de la “llamada” de Jesús corresponde ahora la “prontitud” de la respuesta de Zaqueo. La venida de Jesús a compartir su hogar es un signo de amistad y en última instancia de perdón. Es el comienzo del discipulado.

Los gestos concretos de la conversión por parte de Zaqueo (19,8) “Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: “Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré el cuádruplo” (19,8) El punto de partida de sus palabras no puede ser otro que la gratitud hacia Jesús por su actitud misericordiosa actitud hacia él. La recepción de la salvación –por la misericordia de Jesús- se verifica en seguida por el cambio de vida. Zaqueo se pone en pie (gesto muy diciente) y pronuncia su breve discurso inaugural de la vida nueva: (1) Hace una confesión de fe: llama a Jesús “Señor”. (2) Ofrece “la mitad de sus bienes para los pobres”. La cantidad que va a dar en caridad a los pobres era mucho más de lo que se requería normalmente: el 20% de las posesiones o de los ingresos (o sea, el doble del diezmo). Zaqueo pone en práctica el evangelio del compartir solidario (12,21.33; ver 6,38). (3) Restablece la justicia que había violado “restituyendo el cuádruplo” a aquellos a quienes les había retenido indebidamente (mediante extorsión; ver 3,4) su dinero.

La declaración de salvación por parte de Jesús (19,9-10) Termina el relato con las palabras de Jesús, las cuales resumen el sentido de todo lo sucedido. Jesús se dirige Zaqueo (“le dijo”) pero luego habla en tercera persona, lo cual indica que es un mensaje para todos. “Jesús le dijo: Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abraham, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido”. Todo ha sido una experiencia de la salvación proclamada en el evangelio. Parecen dibujarse tres círculos concéntricos: (1) Zaqueo, (2) la casa y (3) el pueblo de Abraham, que es el pueblo de los creyentes. La referencia a la “casa” nos remite a lo que sucede en los Hechos de los Apóstoles (ver 10,2; 11,14; 16,15.31; 18,8): la salvación de la persona implica su entorno más estrecho, allí donde madura y se mide la relacionalidad, la capacidad de amar. Un hijo de Abraham es traído de nuevo a casa. Cuando Jesús dice “Éste”, quiere decir “aún este publicano” es un hijo de Dios, es una oveja perdida del pueblo de Israel. A pesar de todo su pecado “Éste” es parte de Israel, tiene el apellido. Finalmente, Jesús se presenta como el “Buen Pastor”: (1) El título “Hijo del hombre”, referido habitualmente al Cristo sufriente en la pasión y la cruz, está asociado a la manera como Jesús finalmente realizará la búsqueda del pecador. (2) “Vino a buscar”. Jesús “ha venido” (ver 5,32: “no he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores”). La mejor imagen de esta búsqueda es la del pastor que va tras el rastro de la oveja perdida (15,4-7; ver Ez 34,4 y Jn 10,9). (3) “Y salvar”. De nuevo nos encontramos con una característica propia del pastor (“Yo vendré a salvar a mis ovejas”; Ez 34,22; ver Jn 10,9). (4) “Lo que estaba perdido”. El término “perdido”, sinónimo de descarriado (ver 15,4.6), de “maltratado”, también está asociado con “muerto” (ver Lc 15,32). Bien dice el Salmo 119,176: “Me he descarriado como oveja perdida: ven en busca de tu siervo” (ver también Ez 34,4.16). Este mensaje aparece resumido y apropiado en el kerigma cristiano que escuchamos en boca de Pablo: “Cristo vino al mundo a salvar a los pecadores…” (1Tm 1,15).

P. Fidel Oñoro, cjm – Centro Bíblico del CELAM 

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