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MATEO 24, 37-44: ADVIENTO: ESTE ES EL TIEMPO DE LA ESPERANZA UN DISCÍPULO SIEMPRE ESTÁ EN “VIGILIA”

¿Cuál es el acontecimiento para el cual hay que prepararse? El acontecimiento que no nos debe encontrar impreparados es el retorno de Cristo. Este es precisamente el tema del evangelio de hoy.
El retorno de Cristo anunciado. En su discurso sobre el futuro del Reino de los Cielos (ver Mateo 24-25), Jesús había anunciado: “Aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre; y entonces se golpearán el pecho todas las razas de la tierra y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria” (24,30). Desde el comienzo del evangelio, Jesús había anunciado la cercanía del Reino, es decir, la decisión definitiva de Dios de hacer valer su señorío real (ver 4,17). Ya no serán los hombres ni las fuerzas de la naturaleza las que determinen el curso de la historia humana. Esto sucederá por medio de la venida del Hijo del hombre con la potencia y la gloria de Dios. Cuando el Reino se revele definitiva y universalmente con todo su poder ante todo el mundo, toda existencia humana se manifestará ante el Hijo del hombre –Jesús en su gloria- con su verdadero sentido y valor. Con la venida definitiva de Jesús toda persona saldrá a la luz en su más íntima esencia. Puesto que todo hombre está profundamente conectado a la venida del Señor, cada uno debería conducir su proyecto de vida en esa dirección. Ante Jesús tendremos que responder por todo lo que buscamos, trabajamos y logramos. En este sentido, toda nuestra vida debe prepararse para ese momento
Un ejemplo de vida distraída. Primero Jesús nos pone el ejemplo de los días de Noé: “Como en los días que precedieron al diluvio, comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca, y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y los arrastró a todos” (24,37-39). La moraleja salta a la vista: no es razonable vivir de manera distraída, despreocupada. La escena descrita en tiempos de Noé nos presenta gente absorbida por la vida terrena: comer, beber, casarse. Eran personas que se dejaban llevar tranquilamente por el ciclo biológico de la vida, atentos a lo presente, sin pensar en nada más allá; el asunto era gozar la vida. En aquel entonces el diluvio había sido anunciado, pero aún no pasaba nada. A ellos les parecía lejano y casi irreal, por eso prefirieron concentrar sus energías en aquello que consideraban más concreto y práctico. De la misma manera, ahora la venida del Señor solamente ha sido anunciada. El hecho de que no suceda nada aún puede llevar a pensar que hay mucho tiempo en la vida y descuidarse en la atención a su venida, concentrándose más bien en otros asuntos. Pero, como insiste Jesús, imprevista y sorprendente será su venida: “Así será también la venida del Hijo del hombre”
Un ejemplo sobre el engaño de las apariencias. Dando un paso adelante ahora Jesús enseña que no hay que quedarse con la apariencia externa de las situaciones terrenas: “Entonces, estarán dos en el campo: uno es tomado, el otro dejado; dos mujeres moliendo en el molino: una es tomada, la otra dejada” (24,40-41). Todos trabajan, todos se mueven por igual en las rutinas de la vida. Esto puede llevar a una falsa deducción. Del hecho de que todos pasemos por situaciones semejantes –trabajo y fatiga, felicidad e infelicidad, sufrimientos y alegrías, vida y muerte- puede nacer la ilusión de que la obediencia o la desobediencia, la rectitud o la injusticia no tengan importancia alguna; que sea indiferente la forma en que se viva, porque –al fin y al cabo- todos terminaremos igual. Pues aquí está el punto: no terminaremos igual. Con la venida del Señor habrá una separación radical: “uno es tomado y el otro dejado”, es decir, quienes estén preparados serán recibidos en la comunión con Dios y los otros serán excluidos.
Un ejemplo de llegada imprevista. En consecuencia, uno tiene que auto-regularse y conducir la vida con base en la vigilancia: “Si el dueño de la casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa” (24,43). Hay que vivir responsablemente según la voluntad del Señor, de manera que podamos responder en cualquier momento por ella y con la frente en alto.
El retorno de Cristo deseado. Jesús no pronuncia todas estas enseñanzas para obligarnos a una conversión a fuerza de miedo, sino para abrirnos los ojos. Un día el Señor nos invitará a quedarnos definitivamente con él. Ese día el fin marcado por la muerte será en realidad el comienzo: naceremos definitivamente para la vida después de este lento proceso de gestación terrenal formando a Jesús en nosotros. Mientras tanto aguardamos vigilantes el momento del encuentro. Tengamos presente que la “vigilancia” que nos pide el evangelio no sólo se refiere al encuentro final con Dios (al final de mi mundo, de mi vida). Cada día Dios está viniendo a nuestro encuentro y no podemos dejarlo pasar de largo. Viene en la Palabra, en la Eucaristía, en la comunidad, en la presencia escondida en las personas más necesitadas, en las diversas formas en que nos regala su gracia.


P. Fidel Oñoro, cjm – Centro Bíblico del CELAM

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